Y vuelvo, pues en realidad nunca no logré ser muy exacto. La sábana aún te cubre a medias, mientras inhalo el perfume de la más cruda despedida. Te veo dormir y el pasillo me hace sentir que la salida puede ser más sencilla de lo que talvez pensabas. Las preguntas más complejas quisiese responderlas con un simple silencio, no te preocupes, jamás olvidaré escuchar cada uno de esos susurros producidos en mitad de la noche. Como un centenar de peregrinos al encuentro con su dios, como un quiltro buscando nuevo hogar, camino y desesperadamente hasta volver a encontrarte preciada cordura.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Al encuentro
viernes, 12 de septiembre de 2008
Tu pirata soy yo !

Dalcahue, pequeño puerto de la isla grande de Chiloé. Es de noche, verano del año 2008. Me encuentro junto a mi hermano y un amigo en una larga travesía turística por el sur de nuestro país. Ha sido un viaje bastante extenso y la sed comienza a aquejar nuestras gargantas, el plan consiste en encontrar lo antes posible alguna botillería, donde comprar un par de cervezas y disfrutarlas contemplando la belleza del lugar.
Comenzamos nuestro panorama caminando con toda esa inocencia, tan característica del viajero, sin jamás pensar en encontrarnos con alguna leyenda viviente que no fuese el “Trauco” o el “Caleuche” (historias tan recurrentes dentro de la tradición de la isla), por el contrario, lo que vivenciamos aquella noche puede que incluso abarque el ámbito caricaturesco y la vida real al mismo tiempo.
El trayecto continuó su curso y finalmente logramos dar con una botillería donde el silencio imperaba por aquellos instantes. Cogimos dos cervezas Escudo de litro, preguntándonos de inmediato: ¿Y a quién le debemos pagar? .La respuesta estaba más cerca de lo que pensamos, miramos hacia el mostrador y tras éste se encontraba la historia más sabrosa del viaje: Barba roja, amo y señor de Dalcahue.
Un verdadero personaje jamás se ha de presentar ante un par de santiaguinos sedientos, con su seudónimo así como si nada. Todo lo contrario, es tan potente su presencia que al verlo en persona, tú ya puedes saber con quién estás hablando. En efecto, al acercarnos para realizar la compra, nos encontramos con un hombre de unos cuarenta años, totalmente ebrio, durmiendo y mejor aún, con una frondosa barba roja capaz de cubrir su propio pecho.
Al no recibir respuesta alguna, miramos hacia atrás tratando de buscar a alguien que nos pudiese atender, fue entonces cuando dos muchachos acompañantes del pintoresco pirata, con sus caras llenas de risa pareciesen haber dicho: “¡Tranquilos!, él es capaz de vender esas cervezas”. Por su parte, barba roja nos miró y sólo se remitió a decirnos – Estoy pal’ loly- , aún así demostró oficio de cantinero, entregándonos el vuelto de manera correcta.
Salimos de la tiendita novedosa, pudiendo constatar que tal barbudo pintoresco no era tan sólo un borracho atendiendo un mesón, sino que un emprendedor dueño de la botillería y ferretería más importante de Dalcahue. Además de ser por segundo año consecutivo el acreedor del ajo más grande de la isla de Chiloé. La belleza y tranquilidad del puertito terminó conmoviéndonos tanto, que la primera ronda de cervezas desapareció fugazmente, de modo que decidimos volver donde nuestro nuevo ídolo. Al volver, el pirata ya había vuelto a la vida como un ave fénix, poniéndose de pie para atendernos y preguntar: “¿Qué quieren?”, “Dos escudos más, por favor”- respondimos.
“Ya son las doce”, -dijo el muy barbudo-. Interpretamos la advertencia como señal de cierre de la botillería, pero segundos más tarde entendimos de qué se trataba: pasada la media noche los precios son marca registrada del maestro, por tanto esas cervezas que compraríamos, nos costarían un valor mucho más elevado que las que tomamos minutos antes. Sin embargo en un acto de enorme solidaridad nos dijo: “Ahhhh ¿Ustedes no son de acá?, ya … llévenselas rapidito no más”.
Comenzaba ya a hacer frío y el primer capitulo de nuestra aventura se escribía con matices de misericordia de un lugareño, que nadie sabe en que momento decidió dejarse crecer la barba y teñírsela para posteriormente transformarse en lo que hoy es. Al salir de la tiendita, comprendimos todo lo que había sucedido, encontramos aquél letrero que decía:
“Barba roja, la suerte va hacia ti”.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
When you're strange

Paredes soberbias impregnadas de discurso político barato. Caminaba y en cada uno de nuestros rostros se dibujaba el anhelo de vivir en un país progresista – aspiracional. Las tiendas y un mosquerío de gente que entra y sale. Cuando quise e intenté cambiarlo, sus brazos tentadores me cobijaron amablemente. “People are strange” sonaba más que nunca en mi cabeza; lo triste no fue oírla, sino sentir que esta vez yo también formaba parte de ella.
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