Todo empieza desde muy temprano. Apenas un vestigio de sol logra asomar por la ventana. Coge las pantuflas, se baña, prepara un par de huevos fritos con tostadas y un café bien cargado. Las ligeras manos aún le permiten tomar sin mayor torpeza la antigua tetera, mientras en la televisión se anuncia pronóstico de lluvia en los próximos días. A las 9:00 am ya está escogiendo la bufanda azul que corresponde al día lunes, pero que por capricho decide usar el día jueves. La casa ya está bien cerrada con cada una de las persianas plegadas, y todo ya está dispuesto para que éste sea un dia normal.
Recorriendo el barrio, la vista le permite entender que los años pasan por encima de todos, incluyendo a la joven a quién tiempo atrás solía entregar golosinas …, pero hoy no es así. La mujer anda de la mano probablemente con uno de esos ayudantes universitarios a cargo del ramo más difícil de primer año, de esta manera cree poder explicarse la obstinación de una lolita por evitar el fracaso académico. Tristemente, el saludo esperado no alcanza a llegar hasta el audífono instalado en su oreja desde hace varios años tras haber desarrollado eternas jornadas laborales en la antigua maestranza de San Bernardo. Mira el aparato y piensa que está averiado, pero al rato comprende que simplemente fue ignorado por la muchacha.
El trayecto continúa y el comercio establecido funciona casi por completo, digo casi porque Don Patricio, el dueño de la verdulería se ha quedado dormido producto que el más despierto de sus 3 nietos lo ha integrado al mundo cibernético y desde ahí surge el afán por alargar cada una de las noches con diversos materiales didácticos relacionados a la vida sexual en la tercera edad.
El consultorio y la constante fila interminable, el colegio numerado que se apresta para el primer recreo, las portadas de los diarios mostrando el último despilfarro del futbolista farandulero en una discoteque de la capital, un nuevo sistema de transporte que él aún no comprende en su totalidad, pero que al menos sirve para alivianar su cansino viaje hacia la farmacia y el club donde habitualmente se junta a jugar cacho con sus legendarios camaradas: La esencia que aún no se pierde, pero la vida es más cruda porque estás solo, viudo, tus hijos ya no te llaman hace bastante tiempo y el almuerzo que preparas dura tres días.
¿Te cuento algo?, cuando escuches la radio, es probable que Piazolla no suene,pues anda milongueando hace rato en un salón lleno de historias. Termina rápido aquel puzzle, levántate y ponte tu mejor perfume.
Hay una cuarta edad esperando.




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